Por Noelia Benedetto Lic. en psicología MP. 8136, Esp. en sexología clínica y educativa.
¿Alguna vez te preguntaste qué te gusta de verdad?
En la nota anterior hablamos de bienestar sexual y de por qué todavía puede resultar tan difícil conversar sobre sexualidad sin que aparezcan vergüenza, culpa o incomodidad.
También dejamos planteada una idea: el autoconocimiento es uno de los puntos de partida para construir una relación más saludable con nuestra sexualidad.
Pero hay una pregunta anterior a eso que no siempre resulta sencilla: ¿qué significa realmente conocernos sexualmente?
Para muchas personas, la educación sexual recibida estuvo mucho más enfocada en aquello que había que evitar que en aquello que podían descubrir. Aprendimos sobre riesgos, embarazos no planificados, ITS o aquello que se esperaba de nuestros cuerpos, pero no necesariamente tuvimos espacios para preguntarnos qué sensaciones disfrutamos, cuáles son nuestros límites, qué ritmos nos resultan agradables o qué lugar ocupa el placer en nuestras vidas.
Por eso, hablar de autoconocimiento sexual no tiene que ver con convertir la sexualidad en una tarea pendiente ni “casarse” con una versión definitiva, tiene que ver más bien con habilitar preguntas que quizás nunca tuvimos el espacio para hacer.
¿Qué es el autoconocimiento sexual?
El autoconocimiento sexual puede entenderse como el proceso mediante el cual una persona reconoce y comprende sus propias sensaciones, preferencias, deseos, límites, necesidades y formas de relacionarse con su sexualidad. No se trata solamente de conocer el propio cuerpo, también implica reconocer qué nos pasa emocionalmente, qué situaciones favorecen nuestro bienestar, cuáles nos generan incomodidad y qué ideas sobre la sexualidad incorporamos a lo largo de nuestra historia.
Ese proceso puede involucrar preguntas simples como:
- ¿Qué me gusta? ¿Qué no me gusta?
- ¿Qué me genera curiosidad?
- ¿Qué necesito para sentirme en comodidad?
- ¿Qué límites quiero establecer?
- ¿Qué cosas hago porque realmente las deseo y cuáles hago porque siento que
- debería hacerlas?
En relación a las mismas, no existe una forma universal que permita responderlas correctamente, tampoco hay una edad determinada en la que deberíamos tener todas las respuestas.
El autoconocimiento es dinámico porque nuestras experiencias también lo son. Lo que nos gustaba en determinado momento puede dejar de interesarnos al tiempo, algo que antes generaba incomodidad puede adquirir otro significado, una relación, una etapa o un cambio en nuestras vidas puede transformar nuestra manera de experimentar el deseo o los placeres. Entonces, conocerse no significa definirse de una vez y para siempre.
Entre lo que deseo y lo que aprendí que debería desear
Una de las mayores dificultades para conocernos en lo sexual es que no siempre resulta simple diferenciar nuestros deseos de los mandatos que aprendimos. La sexualidad está atravesada por la cultura, desde edades tempranas recibimos mensajes acerca de cómo debería verse o reaccionar un cuerpo, quién debería tomar la iniciativa, qué prácticas serían deseables, cuánto deseo sería "demasiado" y cuánto sería "insuficiente". Los mandatos de género tienen un papel importante en este aprendizaje. A muchas personas socializadas como mujeres se les enseñó que ser deseables era más importante que reconocer su propio deseo; a muchos varones, que la sexualidad debía estar vinculada con la iniciativa, la disponibilidad y el rendimiento. Las personas con identidades y orientaciones disidentes también pueden encontrarse con expectativas acerca de cómo deberían vivir su sexualidad. A esto se agregan las imágenes de cuerpos, parejas y experiencias sexuales que circulan permanentemente en redes sociales. El problema aparece cuando los referentes sobre sexualidad comienzan a funcionar como estándares con los que evaluamos nuestra propia experiencia. Preguntarnos qué queremos implica algo más que identificar preferencias o gustos, también supone preguntarnos de dónde sacamos aquello que creemos que deberíamos querer.
¿Las preferencias sexuales pueden cambiar con el tiempo?
Conocerse no es alcanzar un para siempre. Existe una idea según la cual deberíamos "conocer nuestro cuerpo" como si se tratara de completar un manual de instrucciones, pero la sexualidad lejos está de funcionar de esa manera.
No hay una lista definitiva de preferencias que una persona deba descubrir y conservar durante toda su vida, el autoconocimiento sexual es un proceso de exploración, asimilación y acomodación constante.
No saber no es un problema; la curiosidad no obliga a experimentar; cambiar de opinión es válido; revisar preferencias forma parte del proceso. Tranquilamente podemos descubrir que algo que nos gustaba antes ya no resulta agradable, tampoco tiene que ser algo que se considere “incorrecto”. La posibilidad de revisar nuestras preferencias es parte del autoconocimiento.
El objetivo no es reemplazar un mandato por otro, no se trata de decirle a nadie qué, cómo y cuánto debe hacer, la idea es levantar presiones para disponer de mayor libertad para preguntarnos qué queremos y tomar decisiones a partir de esa respuesta.
¿Cómo empezar a conocer mi cuerpo y mis preferencias sexuales?
No existe una única manera de comenzar. Para algunas personas, puede ser útil prestar mayor atención a las propias sensaciones; para otras, revisar las ideas aprendidas sobre sexualidad; conversar con vínculos o buscar información profesional.
El punto de partida puede estar en observar sin juzgar y hacerme algunas preguntas:
- ¿Qué situaciones favorecen mi comodidad?
- ¿Qué necesito para sentirme segura?
- ¿Hay algo que acepto por costumbre pero que en realidad no disfruto?
- ¿Puedo decir cuando algo no me gusta?
- ¿Me resulta fácil decir que sí? ¿Y decir que no?
Estas preguntas funcionan como herramientas para desarrollar mayor conciencia sobre nuestra vida sexual, también pueden ayudarnos a identificar que el bienestar sexual no depende únicamente de lo que ocurre durante un encuentro sexual: el contexto, la confianza, la comunicación, el descanso, la posibilidad de poner límites y la sensación de seguridad también pueden modificar nuestra experiencia.
Cómo el autoconocimiento puede ayudarte a elegir formas de cuidado
Cuando empezamos a prestar atención a nuestras propias preferencias, el autoconocimiento deja de ser una idea abstracta y comienza a influir en decisiones concretas. Esto también pasa con las formas de cuidado sexual, no todas las personas buscan lo mismo ni tienen los mismos gustos: algunas pueden priorizar determinadas sensaciones; otras pueden prestar mayor atención a la comodidad o a la lubricación, y esas variables pueden cambiar dependiendo del momento, la compañía o la experiencia.
Por eso, pensar el cuidado sexual desde el autoconocimiento también implica reconocer que no existe una única opción que funcione de la misma manera para todas las personas. En el caso de los preservativos, MAXX cuenta con diferentes opciones:
- Ultra fino para una mayor sensibilidad.
- Con L-Arginina para mayor placer compartido
- Super Lubricado para reducir la fricción en el encuentro.
La elección no va a ser la misma para todo el mundo, ni para una misma persona en diferentes momentos de su vida, la idea es ir probando y encontrar una alternativa que resulte adecuada para las propias necesidades y preferencias. Así como aprendemos a reconocer y seleccionar qué sensaciones nos resultan agradables, podemos prestar atención a qué características valoramos cuando elegimos cómo cuidarnos.
Elegir también es parte del autoconocimiento
El conocimiento del propio cuerpo también puede formar parte de esa decisión. Conocer nuestras preferencias puede ayudarnos a comunicar mejor lo que necesitamos, reconocer nuestros límites puede facilitar que los hagamos explícitos, identificar aquello que nos resulta agradable puede permitirnos tomar mejores decisiones.
Lo mismo pasa con el cuidado. No se trata de encontrar una opción definitiva para toda la vida, más bien implica poder probar, registrar qué nos resulta deseable y modificar la decisión cuando nuestras necesidades cambian.
Preguntarte también es una forma de cuidarte
Una de las preguntas más importantes para hacernos es "¿qué me pasa cuando dejo de presionarme con lo que se supone que debería gustarme?"
El autoconocimiento sexual comienza cuando dejamos de compararnos, de cumplir expectativas y de buscar una respuesta correcta. Esto puede llevar tiempo, puede implicar descubrir cosas nuevas, revisar otras y aceptar que algunas respuestas todavía no las tenemos ni las tendremos; y todo eso también forma parte del proceso.
La sexualidad es una dimensión de nuestras vidas que puede transformarse junto a otras personas, por eso, darnos permiso para preguntarnos qué nos gusta, qué necesitamos, qué queremos explorar y cómo queremos cuidarnos es una forma de construir una sexualidad con sello propio. Y quizás ahí esté lo verdaderamente valioso: empezar a escucharnos lo suficiente como para poder elegir qué hacer y qué dejar de hacer.
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